Es la tenista más deseada del mundo, un auténtico sex-symbol para millones de hombres. Incluso existe un virus informático que lleva su nombre, sin duda el máximo honor que pueda conceder un programador malévolo... Esta joven rusa forma parte de una camada de nuevas caras que están convirtiendo el tenis en un deporte de estrellas, donde la moda y la belleza casi cuentan tanto como la habilidad en las pistas.